Cuando los archivos hablan

Entre los asistentes al Editatón para la Memoria, que tuvo lugar el pasado sábado 20 de julio en Espacio Memoria y Derechos Humanos, se encontraba Mónica Hasenberg, fotógrafa y dueña de un vasto archivo que registra infinidad de momentos de nuestro país en la lucha por garantizar los Derechos Humanos. Desde Wikimedia Argentina conversamos con ella para saber qué significa registrar estos momentos, preservarlos y compartirlos con la comunidad. 

¿Cuándo empezaste a guardar sistemáticamente el trabajo que estaban haciendo con tu marido como fotógrafos?

Mi marido y yo trabajamos con distintos clientes, bajo un contrato, pero siempre con la condición de que el archivo era nuestro. En esos años los archivos no tenían un valor como el que tienen hoy, entonces teníamos todos los negativos cortados en tiras de seis y guardados en sobres, sin clasificar. Sólo tenían el nombre de la nota para la que se hicieron. Teníamos cajones llenos de negativos. No recuerdo cuándo fue que empecé a formar el archivo. Las mudanzas que tuvimos fueron terribles, porque perdimos mucho material, incluso de mi papá, que también era fotógrafo. Yo tenía un entrenamiento en archivos, y un día me di cuenta del valor de lo que teníamos, entonces compré carpetas y hojas para archivar y separar el material. Esto fue a fines de la dictadura, a principios de 1983. En esa época el único trabajo fijo que tenía Brenno, mi marido, era para la revista Familia Cristiana, dirigida por las monjas que practicaban la Teología de la Liberación. Era un trabajo muy volcado al sector de Augusto Conte y Emilio Mignone, que estaban con las Madres de Plaza de Mayo. A nosotros no nos daba ningún respaldo, no podíamos decir que sacábamos fotos para esa publicación, porque era peligroso. Por eso nosotros estuvimos bastante recluidos, y no nos asociamos con ninguna unión. Es la época que yo llamo “exilio interno”. Si revisás el archivo, tampoco vas a encontrar fotos de represión, porque nosotros teníamos que cubrirnos, no nos podíamos exponer. Teníamos un perfil muy bajo. Y durante muchos años yo no mostré las fotos.

El archivo fotográfico, en su formato analógico.

 

 

 

 

 

Luego de la vuelta a la democracia, a fines de 1983, el gobierno electo era sin embargo muy frágil. En esos años, Mónica y su marido trabajaban para el Movimiento Todos por la Patria, que publicaba la revista “Entre Todos”. Fue a partir de 1984/85 que comenzaron a construir el archivo. “En el ’89 fue el ataque al cuartel La Tablada. A mí me agarró pánico, terror, porque nosotros teníamos todo el archivo de ellos, fotos de las personas que integraban el Movimiento, y no sabíamos qué iba a pasar. Mi marido y yo no teníamos nada que ver, porque no estábamos militando, sólo trabajábamos para la revista. Para nosotros fue una sorpresa. Nadie se esperaba eso. El material que teníamos era muy peligroso para todos los militantes. Por eso un amigo vino y se llevó muchas fotos, tiramos cajas, y en casa vivimos una situación de pánico total durante un tiempo”, relata Mónica.  El esfuerzo seguía dividido entre ocultar el trabajo, y registrarlo con una nomenclatura. Hoy el Archivo Hasenberg – Quaretti tiene muchas carpetas, que muchas veces responden a los clientes que solicitaban el trabajo (como la Asociación de Trabajadores del Estado, el Ministerio de Educación, Hebraica), otras a temas (Educación, Trabajo, Inmigrantes, Ciudades del Interior, Iglesias, Intelectuales, Artistas plásticos, Escritores, Músicos, Actores, Intelectuales y Vida Social).

Mónica con una gigantografía de una foto que tomó durante una marcha de Madres de Plaza de Mayo.

El trabajo tuyo y de tu marido siempre estuvo muy ligado con la militancia. ¿Qué significa trabajar para una causa social desde la fotografía?

La fotografía en los ochenta era otra cosa. Hoy, haber visto caer las torres mientras sucedía, es un símbolo de la época. Cuando nosotros trabajábamos, las fotos que hacíamos eran en blanco y negro, porque las publicaciones no eran a color, salvo las revistas muy caras. El rollo, el revelado y las copias eran muy caras. Por eso, la mayor parte de nuestro archivo, yo diría el 90%, no ha sido copiado nunca. Hace poco, digitalicé una foto de una manifestación a la que recuerdo haber ido como militante. Fue a las 10 de la mañana en Tribunales, estábamos pidiendo por Paula Logares, una de las primeras nietas recuperadas, que en ese momento estaba en manos de represores. No me acuerdo qué día fue, ni qué año, pero sí que mis hijos eran muy chiquitos (nacieron en el ’78 y en el ’81). Me acuerdo de Perla Wasserman, una madre de Plaza de Mayo, que me agarró, y me dijo: “¿Qué hacés acá? ¡Andate que es muy peligroso!” y me sacó. Yo ni me acordaba de haber tomado fotos. Y tengo 4 fotos.

Era una época difícil para lograr un registro fotográfico, no sólo por el coste económico, sino también, especialmente, por el peligro que implicaba. Así, Mónica distingue entre participar como militante en una marcha, y hacerlo como fotógrafa: en sus recuerdos, a veces es una y a veces otra, pero su propio archivo la sorprende.

Hay un gran valor en preservar el momento para la posteridad.

Si. La fotografía para mí ya es un vicio. Creo que he comprendido muy profundamente el sentido de lo que es un archivo. Cuando descubro estas fotos, que ni recordaba haber sacado, el deseo de digitalizarlo es más fuerte, porque me doy cuenta de las cosas que deben estar escondidas. Hay Madres que no sé los nombres, pero están todas registradas en ese material. Me pasó una cosa increíble. Yo hice la secundaria en el Comercial Nº7 Manuel Belgrano, del barrio Belgrano. Hace un año me enteré que tengo una compañera del colegio desaparecida. Entonces, en septiembre del 2012 estaba preparando una muestra y empecé a buscar a la familia para invitarla, ya que vinieron varias Madres a la inauguración y no encontré rastros.  Pero otra compañera que había sido muy amiga de Graciela Lusi, mirando mis fotos en una reunión , descubrió a la mamá, marchando con su pañuelo en la cabeza, en una imagen de mi archivo. Esa señora era parte de Madres de Plaza de Mayo, y se fue cuando se dividió la organización. Pero la encontramos a partir del archivo, y eso para mí es muy importante. Me movilizó mucho. Por eso, los Derechos Humanos, como tema, es algo que me interpela en lo personal. Fotos profesionales tengo de todo: artistas, de la vida social, política, cultural, de todo. Pero mi archivo es conocido por Derechos Humanos, que tienen que ver con mi militancia. Y son fotos que estaban escondidas, tapadas.

Se podría decir que los archivos también están vivos y cuentan una historia.

Si, por supuesto. Toda sociedad tiene que aprender de su historia. Y de la historia de la Humanidad. Nada es ajeno. Lo que nos pasa a nosotros le pasó a otros o le puede pasar en el futuro. Yo disiento de los que dicen que no se aprende, yo creo que sí aprendemos de la historia. Que hoy se hable del maltrato a la mujer y de la violencia de género, y que haya una ley que proteja a la mujer, es un aprendizaje. ¿Y cuál es la manera de aprender? Teniendo en cuenta la historia. Y la fotografía, toda forma de registrar, nos da la principal herramienta para el aprendizaje. La fotografía tiene un valor que es más complejo que la palabra, porque se pone en juego la composición. Hoy en día es más fácil tergiversar, y muchas fotos cambian según la interpretación que se le dé. Las fotos de la represión, donde hay una persona que la están golpeando, no miente, es eso. Nosotros tenemos una historia que tenemos que difundir, para que no vuelva a pasar.

Pero además de modificar imágenes, hoy la tecnología también permite crear estas sociedades de conocimiento, donde se socializa el saber.

Estoy totalmente de acuerdo con esas herramientas. Provocar que una información se construya desde las diferentes miradas es muy significativo. En psicología social, Pichón-Rivière sostiene que cada uno aporta una mirada distinta desde su propia subjetividad sobre un mismo tema. La suma de lo que ve cada uno hace que todo sea un poco más objetivo. Esta convocatoria a ir a un lugar tan emblemático como la ESMA me pareció muy interesante, porque da lugar a la socialización del saber a partir de la construcción de una narración colectiva, en un hecho colectivo.

Algunas imágenes impresas del archivo.

Mónica se interesó en la Wikipedia, cómo se hace y cómo funciona, luego de recurrir en numerosas ocasiones a la enciclopedia libre para completar información sobre sus fotos, cada vez que las compartía en Facebook. Y fue su militancia por los Derechos Humanos lo que hizo que se acercara al Editatón para la Memoria. Desde Wikimedia Argentina esperamos que esta nueva colaboradora se sume a nuestros proyectos y nos siga acompañando. 

5 comments

  1. Cristian 26 julio, 2013 t 02:00 Responder

    ¡ Muy buena entrevista! Y muy importante el aporte de Mónica. ¡Felicitaciones para todo el equipo de Wikimedia y la comunidad de wikipedistas! Fue una Editatón muy interesante.

  2. MARIA LOPEZ 28 julio, 2013 t 19:47 Responder

    Mónica es una de las personas que resultaron y resultan inprescindibles pata la historia de nuestro país…!!! Gracias compñera…!!!

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